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Adriána
Nedeľa, 26. júna 2022
Literatura española medieval II. (POEMA DEL MIO CID)
Dátum pridania: 28.07.2008 Oznámkuj: 12345
Autor referátu: fernando
 
Jazyk: Španielčina Počet slov: 7 513
Referát vhodný pre: Stredná odborná škola Počet A4: 21.7
Priemerná známka: 3.00 Rýchle čítanie: 36m 10s
Pomalé čítanie: 54m 15s
 

6. UNIDAD.

En todas estas oposiciones vemos que hay una voluntad artística de manifestar la unidad como singularidad y también como multiplicidad que se reduce a la unidad: sesenta pendones, pero un destino común; Vivar, Burgos, Castilla: varias ciudades, pero un mismo soberano; el rey y la iglesia, manifestaciones concretas de un designio histórico concreto; hombres, mujeres, moros, cristianos, judíos, multitud ejemplar que se afana, todos con un mismo destino, la muerte que puede ser como la del héroe:

Passado es deste sieglo mio Cid de Valencia señor
el día de cinquaesma; de Cristus aya perdón!
Assí ffagamos nos todos justos e peccadores! (vv.3625-3628).

7. ANIMALES Y OBSEQUIOS.

Los animales que se mencionan en la obra merecen especial atención y debieran ser estudiados con cierta amplitud. No sólo la agorera corneja y las aves de cetrería con que se abre el Cantar (el halcón como el gallo son tradicionalmente símbolos solares), sino también los animales: caballo, león, las fieras de Robledal, son portadores de un rico simbolismo. En esta ocasión, nos interesan los caballos que a través del Poema constituyen permanente fuente de interés y preocupación. "Temprano dat cevada, si el Criador vos salve" (v. 420). Se les cuida con tanto esmero como a la gente y la figura de cada combatiente se destaca sobre su caballo y la derrota equivale a ver "tantos buenos caballos sin sus dueños andar" (v. 729).

En cinco ocasiones ofrece el Cid caballos al rey. Los tres primeros obsequios -entregados por Minaya Alvar Fáñez- (30 - v. 816 ss, 100 - v. 1274 ss y 200 - v. 1813ss) le permiten reconquistar el favor real.

El cuarto lo entrega el propio Cid cuando el rey lo perdona y está conformado por 30 palafrenes y 30 caballos (vv. 2144-2145). En la quinta ocasión el Cid ofrece a Babieca (v.3515). Babieca nos planteaba más de un problema. El que en buen ora nascó y su caballo forman evidentemente una unidad. Tanto es así que en la tirada 150 el propio rey lo reconoce cuando rechaza -no olvidemos que el rey ha alcanzado una plenitud humana y que ya ha sido calificada por el juglar de bueno y honrado- el obsequio de este caballo que Cid quiere hacerle:
Mas atal cavallo cum est pora tal commo vos,
pora arancar moros del campo e seer segudador;
quien vos lo toller quisiere nol vala el Criador,
ca por vos e por el cavallo ondrados somos nos (vv. 3518-3521).

El soberano había aceptado los caballos que el Cid le había enviado; la reacción de Alfonso frente a estos obsequios muestra su paulatina evolución: aun cuando persista su enojo contra el Campeador, los primeros treinta los toma sin mayor escrúpulo -casi con lo que podríamos llamar, una autojustificación cínica-, mas después que de moros fo, prendo esta presentaja (v.884). Los cien caballos siguientes le muestran las fieras ganancias que ha hecho el Campeador y se alegra:

De tan fieras ganancias commo a fechas el Campeador
¡sí me vala sant Esidre! plazme de coracón,
e plázem de las nuevas que faze el Campeador;
recibo estos caballos quem enbía de don (vv. 1341-1344).

Cuando recibe el tercer presente, su decir se transforma en una oración y en un reconocimiento del hacer del Cid:

Grado al Criador e a señor sant Esidre
estos doscientos cavallos quem enbía mio Cid.
Mio reyno adelant mejor me podrá servir (vv. 1867-1869).

Personalmente, en la tirada 106, Rodrigo Díaz de Vivar, perdonado por el rey, lo saluda y le entrega un último obsequio:

Hya rey don Alfons, señor tan ondrado,
destas vistas que oviemos, de mí tomedes algo.
Tráyovos treinta palafrés, estos bien adobados,
e treinta cavallos corredores, estos bien enssellados
tomad aquesto, e beso vuestras manos (vv. 2142-2146).

Las palabras del monarca no sólo agradecen el obsequio, sino que reconocen cuanto lo ha honrado el Cid y termina pidiendo a Dios que proteja al caballero:

Mio Cid Roy Díaz, mucho me avedes ondrado,
de vos bien so servido, e tengom por pagado;
aun bivo sediendo, de mí ayades algo!
A Dios vos acomiendo, destas vistas me parto.
Afé Dios del cielo, que lo ponga en buen recabdo! (vv. 2151-2155).

 
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